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Diversificar la fruticultura española, una meta posible

Diversificar la fruticultura española, una meta posible

¿Y si potenciamos la diversificación de la fruticultura (sub) tropical?

 

Iñaqui Hormaza
Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea de la Mayora – IHSM-UMA-CSIC

Este artículo es un extracto de la opinión publicada por Iñaqui Hormaza en la revista Tropicales, sobre las especies de frutales sub-tropicales con mayor potencial de adaptación a la costa de Almería, Granada y Málaga, en España , y en las que llevan años trabajando en la finca experimental de Algarrobo-Costa

 

25.09.2020 – OPINIÓN
En la península ibérica, desde hace varios años la producción frutícola se ha ido concentrando en pocas variedades de seleccionados cultivos, que, por requerimientos del mercado en la mayoría de los casos, nos encuentra hoy con nuestros campos cultivados de unas pocas especies, como es el caso de aguacate, mango, chirimoyo y algo de níspero.

Sumado a la menor cantidad de cultivos, no debemos olvidar que también se producen pocas variedades de ellos mismos. En el caso del aguacate, todo el mundo conoce la variedad “Hass” y si no, basta solo con ir al supermercado en el sector frutas. Mientras que, en el mango, la variedad “Osteen” es la predominante, “Fino de Jete” en el chirimoyo y “Gold Nugget” en el níspero al sur de España.

Entonces, desde el punto de vista estratégico, ¿estamos en lo correcto si pensamos que debemos producir solamente lo que se vende? Seguramente habrá opiniones contradictorias a esta pregunta, pero lo que sí es seguro, es que ninguna empresa invertirá en plantaciones frutícolas incluyendo todas las variedades o especies botánicas existentes de un mismo cultivo. Por otro lado, homogeneizar la producción, es decir, producir unas pocas variedades lleva consigo un cierto riesgo y vulnerabilidad económica; lo que se explica poniendo un ejemplo muy simple: ¿Qué sucedería si una nueva plaga ataca cierta variedad de cultivo, y la mayoría de esos cultivos son todos iguales?

Producir todas las variedades, es imposible desde varios puntos de vista. En primer lugar, porque muchas de ellas tienen requerimientos de temperaturas mínimas muy superiores a los que encontramos en nuestras condiciones de cultivo, y otra cuestión es la vulnerabilidad a ciertas enfermedades ya presentes en la península que hasta ahora no tienen tratamiento alguno.

Desde hace ya muchos años se viene trabajando no solo en centros de investigación como el IHSM la Mayora, sino también por parte de varios agricultores en la adaptación de varias de estas especies y de algunas de ellas sabemos que son perfectamente viables en nuestras condiciones. Entre estas especies, podemos citar las siguientes como aquellas con mayor potencial comercial a corto plazo:

Litchi (Litchi chinensis): Es un árbol de origen asiático que se introdujo en la costa Mediterránea andaluza en la década de los 1990; lamentablemente, se comenzó plantando la variedad más conocida a nivel mundial (‘Maurius’ o ‘Tai So’) que florece demasiado temprano en nuestras condiciones de cultivo cuando generalmente las temperaturas suelen ser demasiado bajas para que haya un buen cuajado de fruta. Como consecuencia, en la mayor parte de los años las producciones en esta variedad son muy bajas o inexistentes en nuestras condiciones. Sin embargo, los estudios realizados en nuestra colección de más de 25 variedades, indican que ‘Maurius’ es una excepción y que la mayoría de las variedades de litchi producen adecuadamente en nuestras condiciones. Una combinación de tres o cuatro variedades nos permite disfrutar de esta fruta desde agosto hasta octubre. Entre las variedades más interesantes para nuestras condiciones podemos destacar ‘Kwai May Pink’, ‘Wai Chee’, ‘Salathiel’ o ‘Bengal’, aunque hay muchas más.

Longan (Dimocarpus longan): Está genéticamente próximo al litchi y también es de origen asiático. Es un cultivo que se adapta muy bien a nuestras condiciones edafoclimáticas. Con una combinación adecuada de variedades podemos producir longan desde octubre hasta febrero. Entre las variedades más interesantes para nuestras condiciones podemos destacar ‘Chom Poo’, Biew Khew’ o ’Koala’.

Carambola (Averrhoa carambola): La carambola es la fruta del carambolo, un arbusto de origen asiático que se adapta muy bien a nuestras condiciones climáticas, más aún si se produce bajo sombra. Con una combinación adecuada de variedades podemos disponer de fruta de carambola desde octubre hasta abril. Hay diversas variedades de interés como ‘Arkin’ o ‘Fwang Tung’, entre muchas otras.

Pitaya: Es una cactácea americana con diferentes especies e híbridos procedente de los bosques semisecos de América Central donde crece como una liana trepadora a la sombra de los árboles, por lo que también requiere sombreo para un adecuado crecimiento. En nuestras condiciones de cultivo, es necesario polinizar manualmente las flores, lo que se puede hacer a primeras horas de la mañana antes de que las flores cierren. Puede haber varias floraciones a lo largo del año, pero la principal cosecha se produce generalmente en los meses de otoño.

Lúcuma (Pouteria lucuma): Es originaria de los valles interandinos de Ecuador, Perú y Chile. Es un cultivo que se adapta muy bien a nuestras condiciones edafoclimáticas y se puede recolectar entre septiembre y abril. Hay un creciente interés por esta fruta especialmente en repostería por sus buenas cualidades nutritivas.

Maracuyá: También conocida como fruta de la pasión o pasiflora. Hay distintas especies e híbridos con diferentes nombres. La más conocida es Passiflora edulis, originaria de la Amazonía de Perú, el sur de Brasil, Colombia, Paraguay y norte de Argentina. Su fruto se puede recoger casi todo el año.

Al igual que ocurre con el aguacate, el mango o el chirimoyo, la producción de todas estas especies en nuestras condiciones es posible con una mínima aplicación de productos fitosanitarios, lo que permite acceder al mercado europeo en unas pocas horas con productos frescos y de alta calidad, producidos de manera ecológica, con su consiguiente valor añadido.

Dado el creciente interés en toda Europa por el consumo de productos locales y la creciente preocupación por la “huella de carbono” asociada al transporte desde largas distancias, principalmente de barcos y aviones, el aumento de la diversidad de especies cultivadas puede ser una estrategia adecuada para potenciar el cultivo de frutales tropicales y subtropicales en España a medio y largo plazo.

No obstante, hay que tener siempre en cuenta que la introducción de nuevos productos en el mercado no es tarea fácil y que es preciso validar su productividad, su calidad poscosecha, optimizar su producción y darlas a conocer a los consumidores antes de que se pueda recomendar su cultivo a mayor escala.

Accede aquí al artículo completo de Iñaki Hormaza – Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea la Mayora, (IHSM-UMA-CSIC)

 

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