ARRIGONI
Claves para proteger el cultivo de Brassicas frente al poniente seco del invierno
El viento de poniente y las oscilaciones térmicas de febrero tensionan el desarrollo de brócoli y coliflor en el hemisferio norte; el control del microclima se convierte en una herramienta estratégica
ARRIGONI
Febrero no es un mes neutro para las brassicas. En pleno invierno del hemisferio norte, cultivos como brócoli, coliflor, repollo o coles de Bruselas atraviesan fases clave de su desarrollo vegetativo y de formación de pella o cabeza. Son especies de clima fresco, adaptadas a temperaturas moderadas y con buena tolerancia al frío, pero extremadamente sensibles a los desequilibrios hídricos y a las condiciones atmosféricas bruscas.
Este año, como ocurre con cierta frecuencia en zonas productoras del sur de Europa, el viento seco de poniente está marcando el ritmo en campo. Rachas intensas, baja humedad ambiental y una evaporación acelerada están generando un escenario de estrés fisiológico que no siempre se percibe de inmediato, pero que termina reflejándose en el calibre, la uniformidad y el rendimiento comercial del cultivo.
Un cultivo de invierno… pero no inmune al estrés
Las brassicas desarrollan su potencial productivo en temperaturas óptimas que oscilan entre los 15 y 20 °C. En estas condiciones, el crecimiento vegetativo es equilibrado y la formación de la parte comercial —ya sea la inflorescencia del brócoli o la cabeza compacta de la col— avanza con regularidad. Sin embargo, cuando el viento reduce drásticamente la humedad ambiental y aumenta la evapotranspiración, la planta entra en un estado de defensa. El cierre estomático limita la fotosíntesis, se ralentiza el crecimiento y puede producirse endurecimiento de tejidos o reducción del tamaño final de la pella. En situaciones prolongadas, incluso se observan desajustes en la compactación y mayor heterogeneidad en la cosecha.
Este fenómeno es especialmente crítico en explotaciones al aire libre donde no existe ningún tipo de protección física frente al viento.
Consumo al alza, exigencia máxima
El contexto agronómico se cruza con una realidad de mercado clara: las brassicas mantienen una posición sólida en el consumo europeo. El brócoli, en particular, ha consolidado su presencia tanto en fresco como en industria gracias a su perfil nutricional y a su incorporación en dietas saludables. Este incremento de demanda no admite irregularidades. La distribución exige uniformidad, consistencia y calidad visual, factores que dependen directamente de un desarrollo fisiológico estable en campo. Y aquí es donde la climatología adversa puede convertirse en un enemigo silencioso.
Microclima como herramienta estratégica
En este escenario, el manejo del microclima deja de ser una opción para convertirse en una estrategia productiva.
Las mallas técnicas desarrolladas por Arrigoni, como las soluciones cortaviento y microclimáticas tipo Prismatop® o Arri-Cover, están diseñadas precisamente para modular las condiciones ambientales en cultivos hortícolas sensibles. Su función no es solo frenar la velocidad del viento, sino estabilizar el entorno inmediato de la planta.
Reducir la intensidad del poniente significa disminuir la pérdida de agua por evapotranspiración, mantener una humedad más equilibrada en el dosel vegetal y favorecer un crecimiento continuo y homogéneo. El resultado no es solo una planta menos estresada, sino un producto final con mejor calibre, mayor regularidad y menos variabilidad en la recolección.
En un invierno donde las oscilaciones térmicas y los episodios de viento seco son cada vez más frecuentes, proteger el cultivo frente al estrés atmosférico no es un lujo técnico, sino una inversión en estabilidad productiva.
Arrigoni y la protección agronómica avanzada
Arrigoni es una compañía especializada en soluciones textiles técnicas para agricultura profesional. Su gama abarca mallas cortaviento, sistemas de control de radiación, protección climática y estructuras para la gestión eficiente del microclima en horticultura y fruticultura. En cultivos como las brassicas, donde la calidad comercial depende de la uniformidad fisiológica, estas herramientas permiten transformar un invierno incierto en una campaña más predecible.
