Huella hídrica y manejo del riego y la fertilización en el cultivo de frambuesa y arándano en Huelva
Un estudio con datos reales en parcelas comerciales y ensayos del IFAPA cuantifica la huella hídrica (azul, verde y gris) y el papel de la lixiviación de nitrógeno en frutos rojos bajo invernadero
El agua se ha convertido en un recurso cada vez más disputado. La agricultura, el turismo, la industria y la población compiten entre sí por un suministro que es limitado y que, además, se ve afectado por el cambio climático. A esto se suma que la sociedad es cada vez más consciente de los problemas ambientales y exige que el uso del agua sea más eficiente y sostenible. En este escenario, la agricultura juega un papel muy importante. Aunque es un sector esencial, también puede provocar contaminación difusa en ríos y acuíferos, especialmente cuando parte del nitrógeno aplicado como fertilizante se filtra a las aguas subterráneas o llega a las superficiales. Esto es especialmente relevante en zonas de producción intensiva, como la provincia de Huelva, donde los frutos rojos - frambuesa, arándano, fresa, mora - tienen un gran peso económico. Para entender mejor este impacto se recurre al concepto de Huella de Agua o Huella Hídrica, un indicador que permite evaluar de forma más completa cómo afecta el manejo del fertirriego al medio ambiente en la producción, en este caso, de los frutos rojos. Este indicador (Hoekstra et al., 2011) es una medida que cuantifica el volumen total de agua utilizado para producir bienes agrícolas, considerando toda el agua consumida a lo largo de la cadena de producción y es clave para evaluar el impacto ambiental del uso del agua en la agricultura, ya que permite identificar cultivos o prácticas agrícolas con alto consumo de agua o con un impacto contaminante.
Qué es la huella hídrica: azul, verde y gris
La Huella hídrica se clasifica habitualmente en tres categorías o componentes: Huella hídrica azul (agua de riego superficial o subterránea utilizada en el proceso de evapotranspiración), Huella hídrica verde (agua de lluvia utilizada en la evapotranspiración) y Huella hídrica gris (Hoekstra et al., 2011). La Huella hídrica verde en el caso de los frutos rojos se considera despreciable, ya que se cultiva en invernadero y, por tanto, no recibe el agua de lluvia directamente. La Huella hídrica gris, es un concepto desarrollado para cuantificar la contaminación hídrica midiendo la degradación de la calidad del agua en términos de volumen equivalente de agua dulce (Franke et al., 2013, Hoekstra et al. 2011). Se define como la cantidad de agua necesaria para diluir la carga contaminante hasta alcanzar las concentraciones permitidas en las normas ambientales (Chapagain y Hoekstra, 2008). Estudios globales sobre la Huella hídrica han demostrado que la producción vegetal representa el 67% de la Huella hídrica total (92% considerando también a la ganadería), lo que la convierte en el mayor contribuyente al consumo global de agua (Hoekstra y Mekonnen, 2012).
Antecedentes y objetivo del trabajo
Se han realizado amplios estudios sobre la Huella Hídrica en la agricultura en muchos cultivos y regiones (Mekonnen y Hoekstra, 2010 y 2011; Chapagain y Hoekstra, 2010; Sarafi et al., 2024), pero la mayoría de ellos asumen valores teóricos, realizan simulaciones (Mialyk et al., 2024) o simplemente no contemplan la Huella de agua gris, de hecho, menos de la mitad de los estudios incluyen la determinación de esta Huella (Lovarelli et al., 2016).
En este trabajo se han utilizado datos reales obtenidos tanto en parcelas comerciales como en ensayos del IFAPA en la finca “El Cebollar”, en Moguer (Huelva) para determinar la Huella hídrica a lo largo del ciclo de cultivo (desde plantación hasta recolección). Para ello, se ha efectuado un balance de agua en el suelo en los 55 puntos de estudio considerando las entradas (riego) y salidas (drenaje) en el sistema, midiendo la evapotranspiración del cultivo, el nitrógeno entrante y saliente y determinando el rendimiento final del cultivo. Esta aproximación basada en datos empíricos permite caracterizar con mayor rigor el funcionamiento real del cultivo y mejorar la precisión en la estimación de su Huella hídrica.
Metodología de riego, herramientas y cálculo
El riego aplicado en los ensayos se programó considerando las necesidades de agua del cultivo conociendo la evapotranspiración de referencia y el coeficiente de cultivo de cada especie (Allen et al., 1998; Black et al., 2008; Holzapfel et al., 2004). La ET o dentro del invernadero se estimó usando un modelo basado en la radiación solar (Fernández et al. 2010), aplicando la metodología propuesta por el IFAPA, que utiliza el pronóstico meteorológico de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) (Gavilán et al. 2015). Para ello se utilizó la aplicación Riego Berry, creada por el grupo de riego sostenible del IFAPA y que ofrece recomendaciones de riego para fresa, frambuesa y arándano (Gavilán et al., 2024). En la Finca “El Cebollar”, además se utilizó desde el año 2020 un sistema de riego automático, basado en la medida del contenido de humedad volumétrico con sondas FDR instaladas a 10 y 40 cm de profundidad. El sistema activaba el riego en función de unas consignas previas de humedad del suelo. En el caso de las parcelas comerciales, el riego fue ordenado por el agricultor.
La Huella hídrica azul se calculó como relación entre el uso consuntivo de agua del cultivo (ETc ) y su rendimiento, mientras que la Huella de Agua Gris se calculó en función del contaminante lixiviado. En agricultura se utiliza habitualmente el nitrógeno debido a su carácter móvil dentro del suelo y aunque el nitrato en la solución del suelo no es la única sustancia que puede contaminar fuentes de aguas subterráneas y superficiales, a menudo se considera la más crítica (Aldaya et al., 2010).
Resultados: litros por kilo y peso de la huella gris
Los resultados muestran que producir un kilogramo de frambuesas requiere entre 290 y 350 litros de agua, mientras que en el arándano la Huella hídrica llega a los 540 litros por kilo en plantaciones adultas de cuatro años. Lo más llamativo es que la mayor parte de esta Huella corresponde al agua gris: un 66% en frambuesa y un 57% en arándano. Es decir, el impacto no se debe solo al agua que el cultivo necesita para crecer, sino también al riesgo de que los fertilizantes contaminen el entorno. Estos datos ponen de relieve la importancia de mejorar las técnicas de fertirriego, ajustar mejor las dosis de fertilizantes y seguir avanzando hacia prácticas agrícolas que protejan los recursos hídricos. La Huella de Agua, especialmente cuando se calcula con datos medidos en campo, se convierte así en una herramienta muy útil para tomar decisiones más sostenibles y para comprender mejor cómo nuestras formas de producir alimentos influyen en el medio ambiente.
La imagen muestra un sistema de cultivo de frambuesa bajo macrotúnel (izquierda) y de arándano (derecha) en la provincia de Huelva.
Agradecimientos
Este trabajo forma parte de las actividades de los Proyectos “SOLUCIONES TECNOLÓGICAS PARA LA GESTIÓN EFICIENTE DE UN REGADÍO SOSTENIBLE. SAR (PR.TRA23.TRA2023.004) y “ACCIONES DE EXPERIMENTACIÓN Y TRANSFERENCIA PARA LA SOSTENIBILIDAD DEL CULTIVO DE LOS FRUTOS ROJOS (PR.TRA23.TRA2023.010), cofinanciados con fondos de la Consejería de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural de la Junta de Andalucía y del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).
