Un conquense desarrolla una solución innovadora para proteger el champiñón

Una investigación liderada por Jaime Carrasco demuestra que determinadas cepas de Bacillus velezensis pueden controlar de forma selectiva importantes enfermedades del cultivo del champiñón mediante mecanismos de biocontrol. Este avance representa una alternativa sostenible a los tratamientos convencionales y abre nuevas oportunidades para mejorar la protección y productividad del sector.

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20 Julio, 2026

El cultivo del champiñón constituye uno de los pilares del sector agroalimentario de la provincia de Cuenca, especialmente en la comarca de La Manchuela. Detrás de esa actividad productiva existe también una intensa labor científica orientada a resolver algunos de los principales problemas que afectan a los productores.


El investigador conquense Jaime Carrasco acaba de publicar un estudio internacional que demuestra el potencial de determinadas bacterias para combatir enfermedades del cultivo del champiñón mediante mecanismos de biocontrol.

Un trabajo desarrollado durante varios años y en colaboración con centros europeos que podría contribuir al desarrollo de herramientas más sostenibles para proteger las cosechas.

 

Investigación internacional

La trayectoria de Jaime Carrasco está estrechamente ligada al cultivo de los hongos comestibles. Sus primeros pasos en la investigación los dio en el Centro de Investigación del Champiñón de Quintanar del Rey, antes de ampliar su formación en instituciones internacionales como la Universidad de Oxford.

Actualmente forma parte del Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal de Castilla-La Mancha (IRIAF), donde desarrolla su labor como investigador Ramón y Cajal antes de incorporarse definitivamente a un nuevo puesto de científico titular del CSIC.


Carrasco considera que la experiencia internacional resulta imprescindible para cualquier investigador, y explica:

"Los investigadores tenemos que formarnos en un entorno internacional y es un paso necesario".

Esa trayectoria le ha permitido construir una amplia red de colaboradores con la que afrontar proyectos científicos de gran complejidad. Además señala que:

"No podemos aunar nosotros todo el conocimiento, sino que conviene construir la ciencia de forma colaborativa, pues para llegar a resultados tan interesantes como este proyecto que hemos conseguido publicar ahora mismo".

 

Un proyecto con años de trabajo detrás

La investigación publicada ahora es el resultado de varios proyectos europeos desarrollados durante años. El origen del trabajo se remonta a su etapa como investigador posdoctoral en la Universidad de Oxford gracias a un programa Marie Curie.

Allí logró aislar un biobanco formado por más de 140 bacterias presentes de forma natural en el entorno donde se cultiva el champiñón. El objetivo era identificar microorganismos capaces de actuar como agentes de biocontrol frente a las enfermedades fúngicas que afectan a este cultivo.

Carrasco resume que:

"Lo que buscábamos era generar agentes de biocontrol que fueran específicamente diseñados por y para el cultivo del champiñón".

Entre todas las bacterias analizadas, tres cepas de una misma especie destacaron por su comportamiento.

 

El papel del ‘Bacillus velezensis

La investigación demuestra que tres cepas de la bacteria Bacillus velezensis producen una molécula denominada fengicina, responsable de una potente actividad antifúngica.

Según explica Carrasco,

"hemos demostrado que la actividad antifúngica que genera esta molécula daña las paredes celulares y previene el crecimiento y la patogenicidad de los patógenos fúngicos".

El interés de este descubrimiento reside en que permite actuar contra algunas de las enfermedades más importantes que afectan al cultivo del champiñón, como la mole seca, la mole húmeda o la telaraña del champiñón, responsables de importantes pérdidas de producción.

 

Alternativa frente a las enfermedades

Uno de los principales problemas del cultivo del champiñón es que tanto el producto cultivado como los organismos que provocan las enfermedades son hongos. Eso hace especialmente difícil encontrar tratamientos que eliminen los patógenos sin perjudicar al propio cultivo.

Precisamente ahí radica una de las principales ventajas del sistema desarrollado por el equipo investigador. Carrasco explica:

"Estas bacterias de forma selectiva atacan a estos patógenos, pero previenen el daño en el champiñón".

El procedimiento consiste en aislar bacterias que ya están presentes de forma natural en el sustrato, multiplicarlas en laboratorio y volver a introducirlas posteriormente en el cultivo para prevenir la aparición de enfermedades. Además resume que:

"Podemos sacarlas de ahí, multiplicarlas en un entorno de laboratorio y reintroducirlas al cultivo para prevenir la aparición de estas enfermedades".

 

La continuidad, el mayor desafío

Detrás de los resultados publicados existe un recorrido investigador de varios años marcado por diferentes contratos y proyectos de investigación. Carrasco reconoce que el mayor reto no ha sido únicamente el trabajo científico, sino lograr mantener la continuidad de la investigación.

Carrasco afirma que,

"Uno de los mayores retos científicos ha sido darle continuidad".

El proyecto comenzó hace años, pasó por distintos programas europeos, dio lugar a una patente en 2021 y finalmente ha culminado con la publicación de los resultados.

Para el investigador, proteger el conocimiento generado resulta un paso imprescindible antes de que pueda convertirse en una solución útil para el sector productivo. Carrasco además explica que,

"Si queremos que algo se convierta en una solución comercial, necesitamos también proteger los resultados de investigación y esta es la ruta que nosotros hemos seguido".

 

Mejorar la estabilidad en el cultivo

Aunque los resultados obtenidos son prometedores, la investigación todavía afronta importantes desafíos antes de que estas bacterias puedan utilizarse de forma habitual en las explotaciones.

En laboratorio los agentes de biocontrol funcionan con gran eficacia, pero cuando se introducen en el sustrato del cultivo deben competir con la microbiota que ya existe de forma natural.

El equipo ha comprobado que esa convivencia reduce la persistencia de las bacterias beneficiosas. Carrasco señala:

"Hemos diseñado sondas moleculares que demuestran que su persistencia en el cultivo es menor de la que nos gustaría tener".

El objetivo ahora consiste en conseguir una mayor estabilidad para que estos microorganismos permanezcan activos durante más tiempo y continúen produciendo la molécula responsable de combatir los patógenos.

 

Ciencia desde Cuenca

En los próximos meses Jaime Carrasco iniciará una nueva etapa profesional en el CSIC de Salamanca, aunque asegura que seguirá trabajando en proyectos vinculados al sector productor de hongos de Castilla-La Mancha. Cuando se le pregunta por su relación con la región menciona que:

"No, no, ese es nuestro interés".

El investigador defiende que desde Cuenca y Castilla-La Mancha es posible desarrollar ciencia de primer nivel y considera que existe una oportunidad para seguir fortaleciendo la investigación vinculada a un sector estratégico para la economía provincial.

Carrasco afirma que:

"Tenemos que entender que desde Castilla-La Mancha y desde Cuenca podemos hacer ciencia de calidad".

Por ello, asegura que intentará mantener su colaboración con la región, convencido de que

"La industria de la producción del champiñón está aquí y es a lo que me voy a dedicar en los próximos años".

 

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