Projar evalúa cómo mejorar el rendimiento del arándano
La bioestimulación busca proteger el calibre y la calidad del arándano desde el cultivo
PROJAR
El rendimiento comercial del arándano puede empezar a deteriorarse semanas antes de que aparezcan síntomas visibles en flores y frutos. Las altas temperaturas, el estrés hídrico y otras condiciones ambientales adversas pueden limitar la actividad de la planta y comprometer tanto la producción como la calidad que llega al mercado. Para abordar este desafío, Projar ha evaluado en Huelva una estrategia de bioestimulación aplicada durante todo el ciclo de cultivo.
Según los resultados publicados por la compañía, el ensayo mostró mejoras en número de frutos, diámetro, proporción de fruta en categorías prémium, rendimiento final y comportamiento poscosecha. El trabajo se desarrolló en un cultivo de arándano de cinco años en EasyPlanter Premium e incluyó aplicaciones de los bioestimulantes ALGA600 y Leili2000.
La propuesta sitúa el manejo preventivo del estrés entre las herramientas para proteger el valor de la cosecha, con atención tanto a los kilos producidos como a su calidad comercial.
El estrés que compromete la cosecha antes de hacerse visible
El arándano presenta características fisiológicas que hacen especialmente importante el manejo del agua y la nutrición. Su sistema radicular superficial, con escasa presencia de pelos absorbentes, limita la capacidad de explorar el medio de cultivo y captar los recursos necesarios para sostener la producción.
A esta condición se suma la coexistencia de flores, frutos en crecimiento y frutos maduros, que mantienen una demanda simultánea de agua, nutrientes y energía. Durante las fases de mayor actividad, cualquier limitación puede afectar al equilibrio de la planta.
Projar señala que factores como la radiación UV-B durante la diferenciación floral o las temperaturas elevadas en momentos críticos pueden generar estrés oxidativo y reducir el potencial productivo. Sus consecuencias pueden manifestarse posteriormente en un menor cuajado, menos frutos cosechables o dificultades para alcanzar el calibre deseado.
Desde esta perspectiva, la empresa plantea que la protección del rendimiento debe comenzar antes de que la pérdida de calidad resulte evidente.
Un ensayo centrado en producción y calidad comercial
La evaluación realizada en Huelva analizó una estrategia de bioestimulación con ALGA600 y Leili2000 durante todo el ciclo. El seguimiento se centró en parámetros que permiten relacionar el comportamiento de la planta con el resultado comercial de la explotación.
Entre las variables estudiadas figuraban el diámetro del fruto, el número de frutos, la distribución de la producción por categorías comerciales, el rendimiento final y la evolución de la fruta después de la recolección.
La compañía comunica un mayor número de frutos respecto al tratamiento de contraste, junto con mejoras en el diámetro y en la proporción de arándanos que alcanzaron las categorías de mayor valor. La publicación ofrece estas conclusiones de forma cualitativa, sin detallar los porcentajes de incremento ni el análisis estadístico.
El calibre y la proporción de fruta prémium marcan la diferencia
Para el productor, el interés de una estrategia agronómica también reside en la distribución de la cosecha entre las distintas categorías comerciales. Un aumento del volumen debe valorarse junto con las características de la fruta obtenida.
En su análisis, Projar explica que los episodios de estrés pueden afectar al crecimiento del fruto y a la acumulación de sólidos solubles. Cuando estos procesos se ven limitados, puede disminuir la proporción de producción que reúne las condiciones exigidas por los mercados de mayor valor.
Las mejoras comunicadas en diámetro y categorías prémium apuntan, por tanto, a un objetivo comercial concreto: favorecer una cosecha con más fruta que cumpla las especificaciones de los compradores. Su traducción económica dependerá de los resultados de cada explotación y de las condiciones de comercialización.

La conservación después de la cosecha también empieza en campo
El ensayo incorporó la evaluación del comportamiento poscosecha, una variable relevante para los arándanos destinados a almacenamiento, transporte y distribución.
Según Projar, las situaciones prolongadas de estrés abiótico pueden favorecer procesos de envejecimiento celular relacionados con el estrés oxidativo. Esto puede repercutir en la capacidad del fruto para mantener su calidad después de la recolección.
La empresa señala que observó diferencias entre tratamientos y comunica un mejor comportamiento poscosecha con la estrategia aplicada. El artículo no especifica los días adicionales de conservación ni las condiciones detalladas de esta evaluación, de modo que los resultados deben interpretarse dentro del alcance del ensayo descrito.
El trabajo refuerza el interés de conectar las decisiones de cultivo con las exigencias posteriores de la cadena comercial.
Nutrición y bioestimulación durante todo el ciclo
Una de las principales conclusiones que plantea Projar es la conveniencia de mantener una estrategia continuada, adaptada a las necesidades del cultivo. El objetivo consiste en ayudar a la planta a conservar su actividad fisiológica y afrontar las fases de máxima producción con recursos suficientes.
Este enfoque combina nutrición equilibrada y bioestimulación para acompañar el desarrollo de la planta y mitigar los efectos del estrés antes de que comprometan la cosecha.
Para productores y comercializadores de arándano, el interés de los resultados se concentra en tres aspectos: sostener el rendimiento, aumentar la proporción de fruta de calidad y favorecer su conservación. La evaluación de estas variables permite orientar el manejo hacia el valor comercial de la producción, desde el cultivo hasta la entrega al mercado.
