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Optimización de la propagación en vivero: reducir costes y mejorar la eficiencia
La fase de propagación concentra costes ocultos en mano de obra, mermas y uniformidad que condicionan la rentabilidad final del vivero
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Por Elías Ciruelos Parra, director División Agro de Valimex S.L.
En un contexto donde los costes laborales continúan al alza y la disponibilidad de mano de obra especializada es cada vez más limitada, la eficiencia en vivero ha pasado de ser una ventaja competitiva a una necesidad estructural.
Sin embargo, uno de los puntos donde más margen se pierde —y menos se mide— sigue siendo la fase de propagación.
Un problema poco visible, pero crítico
En muchos viveros, el coste de propagación se analiza de forma parcial: sustrato, bandeja, semilla o esqueje. Pero rara vez se integra el impacto real de:
- Pérdidas de plantas (mermas).
- Tiempo de manipulación por unidad.
- Repiques o trasplantes intermedios.
- Falta de uniformidad en el desarrollo.
Este “coste invisible” puede representar una diferencia significativa en la rentabilidad final del cultivo, especialmente en especies de alto valor como berries o plantones leñosos.
El punto de equilibrio: más allá del coste unitario
Una de las principales barreras para adoptar nuevos sistemas de propagación suele ser el coste inicial por planta. Sin embargo, cuando se analiza el sistema completo, el enfoque cambia.
El punto de equilibrio no está en cuánto cuesta producir cada planta, sino en:
- La reducción de mermas.
- El ahorro en mano de obra por unidad producida.
- La velocidad de desarrollo hasta trasplante.
- La uniformidad del lote final.
En este sentido, soluciones como Growcoon, una cesta biodegradable que se coloca dentro de los alveolos de cada bandeja, permite replantear este cálculo al integrar soporte radicular, aireación y estructura en una única unidad de propagación, es decir, reducir costes y/o aumentar retornos.
Ejemplo práctico: análisis de coste real en propagación
Para ilustrar el impacto económico, consideremos un caso tipo en un vivero profesional trabajando con frambuesa:
En sistemas tradicionales, es habitual encontrar:
- Niveles de merma relevantes en fases iniciales.
- Alta dependencia de mano de obra en manipulación y repique.
- Variabilidad en el desarrollo entre plantas.
Por el contrario, la adopción de sistemas avanzados de propagación como Growcoon permite:
- Reducir de forma significativa las pérdidas de plantas.
- Disminuir los tiempos de manipulación por bandeja.
- Mejorar la homogeneidad del cultivo desde etapas tempranas.
Donde realmente está la diferencia
Cuando se analiza el impacto global, los resultados suelen traducirse en:
- Miles de plantas comerciales adicionales por ciclo.
- Reducciones relevantes en costes de mano de obra.
- Menor complejidad operativa.
- Mayor previsibilidad en la producción.
En el caso de Growcoon, en muchas ocasiones, estas mejoras compensan ampliamente cualquier diferencia en el coste inicial por unidad.
Aplicaciones en campo
Por ejemplo, en propagación de cultivos como olivos, berries o aromáticas, este tipo de sistemas permite mejorar la estructura del cepellón, lo que permite obtener plantas terminadas en menor tiempo y utilizar plantas que antes se consideraban descartables.
De producto a sistema
En resumen, la evolución del vivero profesional pasa por dejar de evaluar insumos de forma aislada y comenzar a trabajar en sistemas integrados. La propagación ya no puede entenderse solo como una fase más del proceso, sino como un punto crítico donde se define gran parte del éxito técnico y económico del cultivo.
En un entorno de presión creciente sobre costes y recursos, la pregunta ya no es si vale la pena optimizar la propagación, sino cuánto cuesta no hacerlo. Las decisiones basadas únicamente en el coste unitario de las soluciones tienden a ocultar ineficiencias estructurales.
Por el contrario, un enfoque basado en rendimiento, uniformidad y eficiencia operativa permite identificar soluciones que, aun con un mayor coste inicial, generan una mejora clara en la rentabilidad global del vivero.
