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El desafío rural en la Agenda 2030

El desafío rural en la Agenda 2030

 Sobre cómo entender el diálogo agricultura y sociedad

El progreso agroalimentario y la preocupación por la recolección de la fruta en verano

 

OPINIÓN
Tengo un familiar estudiando en Australia. Ahora mismo, mientras estoy redactando noticias para los usuarios de ActualFruVeg.com y TecnologíaHortícola.com, está recogiendo manzanas en Cygnet, en la finca de manzanos y cerezos Glenburn Orchards. Los ingresos de su trabajo contribuyen a su renta de estudiante en este periodo de su vida.

En informaciones de nuestros weblogs y en mucha prensa generalista española estos días preocupa la recolección de la fruta española para esta primavera y verano. En Zaragoza -cuenta una cadena de televisión- de 700 parados a los que se les ofrece apuntarse a una bolsa de trabajo para recoger fruta, han acudido menos de una decena.

Informaciones recientes nos explican, a los redactores de este weblog, de una facultad de agrónomos, de España, en la que apareció una iniciativa para crear una bolsa de trabajo para recolecciones agrícolas este verano. En los órganos de gestión de la facultad consideraron que “recoger fruta no es algo interesante para un universitario”. La bolsa de trabajo no se estableció.

Al mismo tiempo, científicos, también de España, sienten que obligándolos a quedarse en casa, se desaprovecha su capacidad de ayudar en la lucha contra el Covid-19, tanto a través de sus saber hacer, como de los equipos de detección e investigación, en desuso, en sus respectivos laboratorios, por el confinamiento que se les aplica.

El año pasado en Madrid decenas de miles de personas convocaban una manifestación para exigir una solución urgente contra la despoblación rural y reclamaban, según los periódicos, un pacto Estado. Al cabo de un año, ahora durante el estado de alarma producido por la pandemia Covid 19 preocupa que las cerezas y otras frutas de verano queden en los árboles por falta de trabajadores en el campo.

Algunos predican el catastrofismo y las tractoradas, “el campo español se muere: ¡los agricultores han dicho basta!”. Por el contrario, la productividad y las perspectivas en el primer sector no se resuelven con bajos salarios, fraude en las cotizaciones salariales, la sobre-explotación a los inmigrantes o el falseamiento del origen de los alimentos.

A los españoles les convendría un diálogo social y económico verdadero con la agricultura. Nos interesa modernizar la genética de las plantas que se cultivan, más mecanización y robotización. A la vez, apuntarse inteligentemente a las tendencias de bio-boom, la regionalización de los menús o incluso a los conceptos del slow-food. Conviene evitar la vida precaria de los trabajadores que acuden a las labores agrícolas en el campo.

El progreso agroalimentario continuará y la productividad habrá que buscarla continuamente. En nuestra sociedad cambiante surgen buenas ideas. En la investigación imaginan cómo serán las cosas en el futuro. En la agricultura conviene tener como metas mejorar a la vez la biodiversidad, los procesos y el hábitat en los municipios rurales.

A la agricultura nos interesa aplicar soluciones modernas como la mecatrónica y la digitalización. Elegir la planificación mediante el seguimiento de las inversiones, facilitar la documentación y conocimientos de los productores en las agroindustrias locales.

Las tecnologías de ahora son implementación de motorización eléctrica, meca-automatización, digitalización y networking, vehículos ligeros y conducción autónoma, y, buenos servicios de movilidad. Según los expertos las electric drive technologies, los sensores, la comunicación máquina a máquina y la interacción hombre máquina (las pantallas), éstas son algunas claves para avanzar hacia la automatización.

Creo necesario reflexionar de nuevo sobre el diálogo agricultura y sociedad. La hortofruticultura española tiene un modelo de comercio basado en los camiones, en conquistar mercados por muy lejanos que estén; es un modelo orientado a los precios bajos para el productor. Si las estrategias del éxito son tan solo el comercio con la GDO, gran distribución organizada, podemos encontrarnos de nuevo que agricultores de Algemesí cobren -como hace un año- las mandarinas entre 3 y 8 céntimos de euro.

No hay futuro si tan sólo trabajas para cubrir costes. Hay productores hortofrutícolas que se empobrecen. Hay gráficos que muestran cómo explican la crisis los grupos de operadores en la cadena de suministro agroalimentario.

La entidad financiera Cajamar y Fruit Logística recientemente dedicaron forums, conferencias y proyectos a la sostenibilidad; a los objetivos de desarrollo sostenible, la Agenda 2030. El documento “Guide to sustainability in the fresh produce business” de la feria berlinesa y el Cajamar AGRO W se apuntan al bio-boom de la conciencia ambiental para la hortofruticultura moderna.

Con la preocupación por la crisis económica europea debido al estado de alarma producido por el Covid-19 se ha redactado un manifiesto titulado “Green Recovery” presentado por 10 países miembros de la UE en el que proponen que la salida de la futura recesión y la acción medioambiental pueden y deben ir de la mano.

Megatendencias actuales
En la sostenibilidad hay actitudes de responsabilidad, de neo-ecología con mensajes como cero desperdicios, ciclos cerrados en la producción agroindustrial, la conciencia ambiental y las tendencias hacia local local.

En la hortofruticultura podemos contribuir a crear una socioeconomía verde, un acuerdo verde europeo. Los países del sur de Europa ¿deberíamos tomar la iniciativa para un debate euromediterráneo y ser capaces de liderar las iniciativas consecuencia del mismo? ¿Cómo son las cadenas de valor en los países en desarrollo de la cuenca mediterránea?

Para modernizar la agricultura, para realizar un Green Deal, hacen falta más inversiones transversales, justicia social y menos austeridad. En la sociedad rural pueden ser convenientes la planificación y un modelo de progreso para extender y automatizar la mecanización.

Las energías renovables son rentables y las TIC’s están democratizadas y por ello el conocimiento y las utilidades deben llegar a todo el territorio. La agroalimentaria es la principal actividad de la industria española. Las frutas y hortalizas constituyen el primer sector de la agricultura española.

El diálogo alimentación y sociedad debería analizar el prestigio social de los agricultores, la necesaria modernización de las explotaciones y la protección de las rentas para los integrantes de estos colectivos sociales.

Volviendo a la anécdota de la facultad de agrónomos quisiera recordarme a mí mismo que los escritores agrarios no tenemos las soluciones, por consecuencia nos interesan los interlocutores y la información para publicar reflexiones y divulgar conocimiento para nuestros usuarios.

En la clases de sociología de la escuela, en las universidades españolas, y en la política, ¿hay una agenda de conocimientos y actitudes modernas para la sociedad rural, o la economía agroalimentaria del porvenir? ¿Acaso en la agroalimentación queremos una élite de profesiones burocratizadas con tan solo interés por conservar privilegios sociales?

Hay mucho trabajo por hacer. El diálogo agricultura sociedad consiste en entenderlo.

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