Por qué la formación del personal se ha convertido en un factor crítico en la producción agraria
Formación continua en la Universitat Politècnica de València (UPV): una herramienta estratégica para afrontar los retos técnicos, normativos y operativos del sector
La producción agraria opera hoy en un entorno cada vez más exigente. A las normativas europeas en materia de seguridad alimentaria, uso de fitosanitarios, sostenibilidad y trazabilidad se suman certificaciones privadas, especificaciones de cliente cada vez más estrictas y un consumidor que demanda calidad, transparencia y confianza.
Sin embargo, el cumplimiento de todos estos requisitos no se materializa en manuales o protocolos, sino en la operativa diaria de las explotaciones, invernaderos y equipos técnicos. En la práctica, una parte significativa de las incidencias, no conformidades o reclamaciones no se debe únicamente a limitaciones tecnológicas, sino a errores humanos en muchos casos evitables: interpretaciones incorrectas, aplicación incompleta de instrucciones de trabajo, manejo desigual de la tecnología disponible (riego, clima, nutrición, registros) o decisiones improvisadas ante situaciones no previstas (plagas, estrés hídrico, problemas de calidad, variaciones climáticas).
En este contexto, la formación del personal deja de ser un elemento accesorio y se convierte en una pieza clave para garantizar que los sistemas de producción y gestión funcionan de forma real y coherente.
Tener un plan de formación no es lo mismo que formar bien
Muchas empresas agrarias cuentan con planes de formación implantados, pero con frecuencia estos se limitan a acciones puntuales orientadas a cumplir requisitos de auditoría. La falta de adaptación al puesto real (técnicos, encargados, aplicadores, operarios), la ausencia de reciclaje periódico o la escasa evaluación de la comprensión hacen que la formación no siempre se traduzca en una mejora efectiva de la operativa.
Un plan de formación eficaz permite homogeneizar criterios, reducir la variabilidad en la toma de decisiones y reforzar la cultura técnica y de cumplimiento (calidad, seguridad alimentaria, sostenibilidad). Desde un punto de vista empresarial, esto se traduce en menos errores, mejor uso de insumos (agua, fertilización, energía), menor riesgo de incumplimientos, mejores resultados en auditorías y una mayor estabilidad productiva.
Para que la formación tenga impacto real, debe diseñarse como un proceso continuo: con contenidos alineados a los riesgos y necesidades del puesto, actualización periódica, indicadores de seguimiento (comprensión y aplicación) y capacidad para incorporar cambios normativos, tecnológicos y de mercado. La clave no está solo en “formar”, sino en asegurar que lo aprendido se aplica y se mantiene en el tiempo.
El curso de poscosecha, una opción dentro de los planes de formación actuales
Dentro de las distintas opciones formativas disponibles actualmente para el sector, destaca el curso de tecnología poscosecha como una alternativa especialmente útil para profesionales de centrales hortofrutícolas, calidad, producción, I+D y control. Pero su interés va más allá del ámbito estrictamente “de central”: para los lectores de tecnologiahorticola.com, comprender la poscosecha es una manera directa de mejorar la toma de decisiones en pre-recolección, porque muchos problemas que aparecen después (mermas, reclamaciones, menor vida útil, sensibilidad a pudriciones o pérdida de firmeza) se “siembran” antes de cosechar: en el manejo del cultivo, el punto de madurez, la sanidad, el riego, la nutrición y la logística de cosecha.
Este tipo de programas aporta una visión práctica y actualizada de los principales retos técnicos y operativos, con un enfoque orientado a la aplicación real en empresa y a la mejora de resultados: homogeneiza criterios, facilita la coordinación campo–central y ayuda a reducir incidencias, mermas y reclamaciones.
En definitiva, la formación ya no es un requisito documental: es un factor crítico de competitividad. Y cuanto más exigente es el entorno, más necesario resulta contar con un plan formativo sólido, continuo y alineado con la realidad de la cadena completa, desde el campo hasta la expedición.
