Riego enterrado de TORO: una estrategia estructural para superar la sequía en cultivos extensivos
Goteo bajo superficie: innovación automatizada para maximizar el aprovechamiento hídrico y garantizar la rentabilidad en grandes parcelas
TORO
En una agricultura cada vez más expuesta a los efectos de la inestabilidad climática, la escasez de recursos hídricos y el aumento de los costes de producción, la optimización del uso del agua asume un papel decisivo para la sostenibilidad económica de las explotaciones. Si el riego por goteo es ya una práctica ampliamente consolidada, especialmente en los cultivos especializados, mucho menos extendida sigue siendo el riego enterrado: una técnica que prevé la instalación permanente de las tuberías de goteo en el subsuelo, con el objetivo de aportar el agua directamente en las proximidades del sistema radicular.
Se trata de una elección técnica todavía poco común, sobre todo en campo abierto y en los cultivos extensivos, donde el enterramiento permanente de la manguera suele percibirse como una solución compleja. Sin embargo, la experiencia está demostrando que el riego enterrado puede ofrecer beneficios concretos en términos de eficiencia hídrica, estabilidad productiva y simplificación en la gestión de la explotación.
Un ejemplo claro es la Sociedad Agrícola Furlani, en el centro de Italia. Fundada en la Valdichiana (Toscana) en los años sesenta, la empresa está hoy dirigida por los hermanos Roberto y Emanuele Furlani y cuenta con una superficie total de unas 350 hectáreas: aproximadamente 160 hectáreas dedicadas a trigo duro y blando, 70 hectáreas de maíz, 60 hectáreas de girasol, 32 hectáreas de viñedo y alrededor de treinta hectáreas entre bosque y terrenos no cultivados.
Precisamente en el cultivo del maíz la empresa decidió apostar con determinación: entre 2021 y 2024 se implantaron 70 hectáreas de riego enterrado permanente, utilizando manguera de Toro y el sistema de automatización Tempus Air.
De la cinta superficial a la solución enterrada
La experiencia con el riego por goteo en la explotación no es reciente.
Emanuele Furlani cuenta:
"Comenzamos en 2004 con el cultivo del tomate y fue natural seguir utilizando la manguera incluso cuando pasamos al maíz en rotación con el trigo".
No obstante, el goteo superficial implicaba cada campaña la colocación y posterior retirada de las líneas de riego. Una gestión viable en superficies reducidas, pero claramente exigente en una explotación de las dimensiones de la empresa Furlani, tanto en términos de tiempo como de mano de obra.
Furlani continua:
"Entre 2019 y 2020 empezamos a evaluar una alternativa. Gracias al distribuidor de Toro en la zona, entramos en contacto con un agricultor del norte de Italia que utilizaba el riego enterrado. Nos informamos, estudiamos la técnica y en 2021 instalamos las primeras 15 hectáreas. A partir de ahí seguimos invirtiendo hasta alcanzar las 70 hectáreas actuales".
Proyectar bien para garantizar fiabilidad a largo plazo
El buen funcionamiento de un sistema de riego enterrado depende, ante todo, de una correcta fase de diseño.
Massimo Ballarin, agrónomo y distribuidor de Toro, que siguió el proyecto, explica:
"Antes incluso de elegir los materiales –explica Massimo Ballarin, agrónomo y distribuidor de Toro, que siguió el proyecto– es fundamental analizar la disponibilidad de agua, el caudal y la presión del sistema. Posteriormente se evalúan los cultivos previstos y las características de las superficies que se van a regar, y se dimensiona el sistema desde el punto de vista hidráulico. Solo entonces se procede a la selección de la manguera y a la integración del sistema de automatización".
En la explotación Furlani, una parte de las parcelas se riega mediante una conducción procedente de una presa, con una presión natural de unas 4 atmósferas, suficiente para el correcto funcionamiento del sistema sin necesidad de estaciones de bombeo adicionales. Otra parte se abastece de un lago artificial de la propia empresa, con elevación del agua mediante una motobomba. La calidad del agua procedente de la presa no requiere tratamientos específicos, mientras que en la línea alimentada por el embalse artificial se realiza un tratamiento ácido una vez por campaña. El mantenimiento ordinario del sistema incluye además un purgado al inicio y otro al final de la temporada de riego.
Aqua-Traxx FlowControl: la elección para el riego enterrado del maíz
El sistema se ha realizado con la cinta Aqua-Traxx FlowControl de Toro, instalada a una profundidad de 50 centímetros. Los goteros tienen un caudal de 0,76 litros por hora (a 0,7 bar) y una separación de 45 centímetros. Gracias al diseño del laberinto desarrollado con tecnología PBX (sección proporcionalmente equilibrada), Aqua-Traxx FlowControl garantiza una distribución uniforme del agua y de los nutrientes incluso en condiciones topográficas complejas, lo que la hace especialmente adecuada para cultivos extensivos como el maíz.
Ballarin añade:
"Optamos por esta manguera por sus excelentes prestaciones hidráulicas, su adaptabilidad a distintos tipos de suelo y la facilidad de enterramiento –añade Ballarin–. Para colocarla en profundidad basta con aplicar un sencillo sistema para enterrar a la máquina que la empresa ya utilizaba para la colocación superficial. No fue necesario recurrir a otros equipos específicos".
Tempus Air: gestión completa desde el móvil
La red de riego está dividida en sectores controlados por electroválvulas y completamente automatizada mediante los programadores Tempus Air de Toro. El sistema permite la gestión remota a través de una aplicación móvil y se integra con sensores de humedad del suelo, que posibilitan programar los riegos en función de las condiciones reales del terreno.
Furlani explica:
"Gestiono todo desde el teléfono. Abro las electroválvulas desde la app, configuro los tiempos de riego y puedo programar también la fertirrigación. Además, puedo establecer umbrales de humedad que activan el sistema automáticamente. La automatización nos permite intervenir con mucha más precisión y reducir aún más los tiempos de gestión".

Riego enterrado: una elección que da resultados
Entre los beneficios más evidentes del riego enterrado destaca el ahorro de agua.
Furlani señala:
"En comparación con la manguera superficial he constatado una reducción del consumo de alrededor del 20 %".
A ello se suma la posibilidad de realizar riegos más frecuentes y ajustados, manteniendo un nivel constante de humedad en la zona explorada por las raíces incluso en condiciones de sequía marcada. Otro aspecto clave es la disponibilidad inmediata del sistema.
Furlani continua:
"Contar con una instalación enterrada y siempre operativa nos ofrece una ventaja que va más allá del maíz. Si en primavera el trigo necesita agua, basta con activar el riego: no hay que preparar nada, todo está ya instalado en el campo".
La profundidad de instalación no es una elección casual. En el caso del maíz, favorece un desarrollo radicular más profundo y aporta una mayor estabilidad a las plantas.
Furlani observa:
"Con el riego enterrado las raíces se desarrollan a mayor profundidad en busca del agua. Durante los periodos de calor intenso, la planta responde mejor que con el riego superficial, donde el sistema radicular tiende a permanecer más cerca de la superficie".
Al mismo tiempo, esta profundidad protege la manguera de las interferencias mecánicas derivadas de las labores superficiales, aunque exige una gestión agronómica cuidadosa.
Furlani añade:
"Evitamos las labores profundas que podrían interceptar o dañar la instalación y somos muy cautelosos a la hora de entrar en las parcelas cuando el suelo está húmedo, para limitar la compactación, que dificulta la difusión del agua en el perfil del suelo".
La instalación de las líneas de riego enterrado se realiza mediante surcadores específicos acoplados al equipo utilizado para la colocación superficial de las mangueras.
Un investimento pensado para el largo plazo
En el campo abierto, el riego enterrado sigue siendo una técnica poco difundida, pero presenta características clave para una agricultura cada vez más orientada al ahorro de recursos y sometida a condiciones ambientales extremas.
Furlani concluye:
"Las pocas dificultades que hemos encontrado en estos años nunca nos han hecho dudar de la validez de la elección. Estoy muy satisfecho: tengo menos trabajo, consumo menos agua y observo una mejor respuesta del cultivo. Con la experiencia hemos ido afinando nuestras estrategias operativas para optimizar la gestión del sistema".
En una explotación extensiva gestionada con recursos humanos limitados, el riego enterrado representa así no solo una solución técnica, sino una verdadera elección estructural. La eficiencia hídrica, la automatización y la reducción de la mano de obra se integran en un sistema permanente orientado a la sostenibilidad productiva a medio y largo plazo.
