Cómo reducir los defectos de coloración en los cítricos ante el aumento de las noches cálidas
El desarrollo radicular, el ácido pidólico, una nutrición equilibrada y los osmoprotectores ayudan a afrontar el estrés térmico y a favorecer la correcta maduración del fruto
ZERYA
Debido al cambio climático, las noches van a ser cada vez más cálidas, algo que lleva notándose desde hace años y que ahora empieza a agravarse de forma alarmante. Sin ir más lejos, el verano pasado fue el más cálido de la serie histórica de AEMET (desde 1961), con una temperatura de 2,1 °C por encima de la media y tres olas de calor. En este contexto, con temperaturas nocturnas tan altas, la planta no solo desarrolla deficiencias, sino que además la maduración del fruto se ve perjudicada.
Durante la maduración de los cítricos tiene lugar tanto la degradación de las clorofilas como el incremento de los carotenoides, responsables de la pigmentación característica de la piel. En este sentido, la temperatura es sin duda el factor ambiental más determinante para el cambio de color. El problema es que la degradación de la clorofila está regulada por la temperatura: se ve favorecida por noches frescas (por debajo de unos 20 °C, con un óptimo en torno a los 13 °C) y se reprime cuando las noches son cálidas; la acumulación de carotenoides, por su parte, se ve favorecida por una diferencia considerable entre las temperaturas nocturnas y las diurnas (Keawmanee et al., 2023; Abobatta, 2019).
No es inusual ver fruta que alcanza su madurez interna (azúcares y acidez adecuados) pero que, por culpa de las noches tropicales, llega al final del ciclo todavía verde.
Fomenta el desarrollo radicular con microorganismos y enmiendas orgánicas
Para conseguir una adecuada maduración del fruto, lo primero es partir de un buen desarrollo radicular, que será la base para que el árbol llegue al verano en condiciones adecuadas. En este sentido, el empleo de productos a base de PGPR (rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal) y de otros microorganismos beneficiosos puede ser una estrategia muy aconsejable, ya que participan en la producción de fitohormonas y otros exudados, en la disponibilidad de nutrientes y en la defensa contra patógenos de suelo. Un claro ejemplo son las Pseudomonas, que no solo mejoran el desarrollo radicular, sino que también estimulan los mecanismos de defensa de la planta y actúan de forma preventiva frente a patógenos. Por lo tanto, entre los productos para fomentar el desarrollo radicular conviene priorizar los basados en microorganismos, como las Pseudomonas (P. putida, P. koreensis y P. fluorescens), Azospirillum spp., Azotobacter spp., Bacillus megaterium, Rhizobium spp. o Trichoderma spp. y las micorrizas, entre otros. Con otros bioestimulantes a base de algas, como Chlorella spp., también puedes favorecer el desarrollo radicular.
Por otro lado, el empleo de enmiendas orgánicas, como los ácidos húmicos, es una práctica indispensable para favorecer el establecimiento de estas poblaciones de microorganismos, así como el desarrollo radicular. De este modo mejoras la estructura del suelo —y con ella la aireación y la capacidad de retención de agua y nutrientes—, aumentas la resiliencia del árbol frente a sequía, salinidad y estrés térmico, y fomentas una comunidad microbiana diversa y activa.
Esta mejora dual, tanto en las propiedades físicas del suelo como en la comunidad microbiana, desencadena un estímulo directo en la arquitectura radicular, que promueve la elongación celular y la emisión de raíces secundarias y pelos absorbentes, y expande notablemente la superficie de exploración del sistema radicular. Al contar con un sistema de raíces más extenso y ramificado, el árbol no solo optimiza la absorción de agua y nutrientes esenciales, sino que logra un anclaje mucho más sólido y eficiente.
En consecuencia, un sistema radicular desarrollado y colonizado por microorganismos beneficiosos —que solubilizan nutrientes, aportan fitohormonas y compiten con los patógenos— se traduce en un árbol notablemente más sano y vigoroso.
Enfocar el manejo en la maduración del fruto
Una vez que llegas al verano con el árbol sano y fuerte, el siguiente paso es centrarte en la protección y maduración del fruto.
Aquí entra en juego el ácido pidólico, un bioestimulante no microbiano que ayuda a la planta a mejorar su respuesta al estrés térmico. Cuando se da un periodo continuado de noches cálidas, este compuesto ayuda a regular la respiración de la planta y a evitar la acumulación de amonio. Básicamente funciona como un señalizador del metabolismo del nitrógeno, ya que favorece su asimilación y la posterior síntesis de aminoácidos, lo que contribuye a la recuperación tras una situación de estrés.
Durante estos periodos de noches cálidas, la aplicación de este compuesto vía riego a la dosis indicada en la etiqueta del producto (orientativamente, en torno a 0,5 l/ha cada dos semanas) te permite paliar los efectos de las altas temperaturas y mejorar tanto la tasa de crecimiento en estas condiciones como la coloración y la firmeza del fruto. Así podrás favorecer una maduración adecuada y mejorar las probabilidades de un viraje correcto cuando se den las condiciones idóneas. Al mismo tiempo, es importante mantener una nutrición equilibrada, centrándote sobre todo en evitar los excesos de nitrógeno, que pueden favorecer el desarrollo vegetativo en detrimento de la maduración.
Las altas temperaturas ponen en riesgo la coloración del fruto, lo que hace que pierda valor comercial y deje de ser apto para la venta.
Te recomendamos incrementar el aporte de magnesio en la parte final del desarrollo del fruto, junto con la aplicación de osmoprotectores a base de glicina-betaína u otros compuestos como la prolina y el manitol, que permiten:
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Aumentar la hidratación celular: mantienen la turgencia celular en condiciones de baja disponibilidad hídrica y evitan microrroturas.
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Mantener la actividad metabólica: protegen las estructuras proteicas y las membranas celulares para que el árbol siga trabajando a pleno rendimiento en los momentos de máxima exigencia energética.
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Reducir el estrés salino y térmico: actúan como un escudo que minimiza el impacto osmótico y oxidativo provocado por las altas temperaturas.
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Favorecer los procesos metabólicos de maduración: al mitigar el estrés, la planta redirige eficientemente su energía hacia los frutos.
En cuanto al magnesio, es imprescindible para la carga y exportación de sacarosa por el floema desde la hoja hasta los sumideros. Su deficiencia impide la exportación de fotoasimilados, de forma que la sacarosa y el almidón se acumulan en las hojas y no llegan al fruto, que se queda sin reservas. Al final del ciclo, esto conecta directamente con el llenado de azúcares del fruto (grados Brix/madurez). Ahí está el verdadero eslabón térmico: con niveles de magnesio adecuados se mantiene la fijación de CO₂ y se atenúa el daño foto oxidativo bajo alta luz, mientras que su carencia dispara la generación de ROS (especies reactivas de oxígeno) (Cakmak & Kirkby, 2008).
Dentro de los osmoprotectores, cabe destacar los basados en extractos de algas, como Ascophyllum nodosum, Ecklonia maxima y Chlorella spp., entre otros. Estos aportan manitol y betaínas, y activan la ruta del ABA, que es el mecanismo central de respuesta al estrés hídrico en frutales. Otros compuestos, como el quitosano aplicado vía foliar, también han demostrado un efecto protector frente al estrés (Saeedi et al., 2025). Por otro lado, cabe destacar el papel del GABA (ácido gamma-aminobutírico) en la respuesta de la planta al estrés y en la reducción del daño oxidativo. Sin embargo, dado que reduce la apertura estomática y la transpiración, conviene prestar atención al momento de aplicación: aplicado en horas de calor elevado, podría incrementar el estrés del árbol.
El problema del desverdizado en poscosecha
Aunque el desverdizado en cámara —mediante unas condiciones determinadas de etileno (que degrada la clorofila), humedad relativa y bajas temperaturas— ha demostrado ser muy eficaz en los cítricos (Jomori et al., 2014), su implementación es demasiado cara, lo que hace que no resulte una opción rentable en muchos casos.
Frente a las noches tropicales, ayuda a tus cítricos a reducir el estrés térmico
En conclusión, un buen desarrollo radicular y una adecuada salud del árbol son la base para afrontar el inicio del verano de la mejor forma posible, complementando el riego con ácido pidólico durante las épocas de mayor calor. Además, una nutrición equilibrada y la aplicación de osmoprotectores son fundamentales y te ayudarán a que el fruto madure de forma adecuada, evitando así los problemas de coloración.
Fuentes y más información: Zerya
