Control de trips en cultivos con estrategias basadas en el riego y el manejo del estrés vegetal
La sanidad radicular y el manejo del agua ganan protagonismo en estrategias de control más sostenibles frente a una plaga cada vez más difícil de manejar
En un contexto marcado por el incremento de los costes de producción, la incertidumbre de los mercados y una mayor presión de plagas, el trips se ha consolidado como uno de los principales problemas en cultivos como cítricos, pimiento o berries. Aunque se trata de un insecto de pequeño tamaño, su impacto en campo es significativo.
Su forma de alimentación, basada en la perforación de las células vegetales y la succión de su contenido, provoca decoloraciones, aspecto plateado en hojas, deformaciones y pérdidas de calidad en frutos. A ello se suma su papel como vector de virus vegetales, lo que incrementa el riesgo agronómico en las explotaciones.
En los últimos años, además, su control se ha visto dificultado por la aparición de resistencias a determinados tratamientos, lo que ha llevado al sector a replantear las estrategias de manejo. En este contexto, empresas como Cosemar Ozono están desarrollando soluciones orientadas a mejorar el estado fisiológico del cultivo y la calidad del agua de riego.
El papel del estrés vegetal en la presión de trips
Frente al enfoque tradicional centrado en el control directo de la plaga, distintos trabajos y experiencias en campo apuntan a la importancia de factores fisiológicos de la planta en la dinámica del trips. Las plantas sometidas a estrés, ya sea por problemas radiculares, desequilibrios nutricionales o deficiencias en la calidad del agua de riego, pueden alterar su metabolismo y emitir compuestos volátiles que favorecen la atracción de insectos.
Desde esta perspectiva, el trips no actúa únicamente como un agente externo, sino también como un indicador de desequilibrios en el cultivo. En estas condiciones, el uso reiterado de soluciones fitosanitarias centradas exclusivamente en la parte aérea puede resultar insuficiente, generando una presión constante que dificulta su control.
El manejo del riego como herramienta de control
En este contexto, la mejora de la calidad del agua y de las condiciones del sistema radicular emerge como una línea de trabajo relevante dentro de las estrategias de manejo integrado. Algunas soluciones se basan en la aplicación de tecnologías que permiten mejorar la sanidad del agua de riego, reduciendo la carga de microorganismos y biofilm presentes en el sistema, y favoreciendo un desarrollo radicular más equilibrado.
Empresas como Cosemar trabajan en este ámbito mediante la aplicación de ozono en el agua de riego, una tecnología orientada a mejorar las condiciones del entorno radicular y a optimizar el estado fisiológico del cultivo. Un sistema radicular activo y en equilibrio contribuye a una mayor uniformidad del cultivo y a una mejor respuesta frente a situaciones de estrés, lo que puede traducirse en una menor susceptibilidad a la presión de plagas.
Estrategias integradas para un control más eficaz
El manejo del trips requiere un enfoque global que combine distintas herramientas como el control biológico, las prácticas culturales, el seguimiento del cultivo y la mejora de las condiciones fisiológicas de la planta.
Actuar sobre el origen del problema, el estado del cultivo y su entorno radicular, permite reforzar la eficacia del resto de estrategias y avanzar hacia sistemas de producción más sostenibles. En este sentido, la formación técnica y el conocimiento aplicado juegan un papel clave en la adaptación del sector a estos nuevos enfoques de manejo.
