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Herramientas para una viticultura sostenible

Herramientas para una viticultura sostenible

 

Por Enrique García-Escudero, Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino

 

04.02.2022 – INFORMACIÓN
En la actualidad, la Viticultura se enfrenta a cambios importantes tales como las diferentes formas de concebir el cultivo, la necesidad de establecer una gestión eficaz del rendimiento o el poner freno a las consecuencias negativas del contexto climático al que nos enfrentamos, escenarios que están condicionando su desarrollo y evolución. El Cambio Climático (CC), con el incremento de temperaturas y un reparto irregular de las precipitaciones, genera una problemática muy comprometida, con una incidencia muy notable sobre la “deslocalización” del viñedo, los eventos climáticos extremos que favorecen la frecuencia de accidentes meteorológicos y los fenómenos de erosión, la modificación de comportamiento de plagas y enfermedades en una zona concreta (hábitos, desplazamientos, mayor presión o aparición de nuevos patógenos), la contención de la expresión vegetativa, el incremento del estrés hídrico y el adelanto del proceso de maduración, que crea un dilema a la hora de decidir la fecha de vendimia y genera un mayor desajuste entre la madurez tecnológica y la fenólica (y también aromática), con claras repercusiones en la calidad y características de la uva y del vino.

En este contexto, se hace necesario establecer un marco adecuado de Viticultura que equilibre estos escenarios. Sin duda alguna, la consideración de un modelo de Viticultura Sostenible debe alcanzar un justo predicamento en la cuestión que nos ocupa. Se trata de un sistema de producción que, en el mejor sentido de la palabra, “explota” las potencialidades de un determinado entorno vitícola sobre la base del compromiso con el futuro, la preservación de los recursos naturales, el respeto al medio ambiente, la apuesta por la calidad desde una perspectiva más amplia, no solo en la consideración del estado sanitario y de madurez de la uva sino también a partir de atributos como la tipicidad, la salud, la seguridad o la puesta en valor del patrimonio vitícola, y el manejo racional del cultivo de la vid, aportando una rentabilidad económica en equilibrio con la sostenibilidad social y ambiental.

García-Escudero Domínguez, Enrique

Desde esta perspectiva, la Viticultura Sostenible nos ofrece herramientas útiles para alcanzar los objetivos que se persiguen, considerando actuaciones que mitiguen las consecuencias del Cambio Climático, potenciando la economía circular, profundizando en las peculiaridades del medio vitícola, la biodiversidad y el desarrollo de buenas prácticas culturales, con el apoyo de sistemas de decisión, y la utilización razonable de los factores de la producción vitícola.

En el ámbito de la mitigación del Cambio Climático, paralelamente a las grandes decisiones políticas y sociales que se dirimen en los foros pertinentes, podemos actuar de un modo más próximo y a “pie de obra”, disminuyendo en lo posible la emisión de GEI, gases de efecto invernadero, y fomentando los Sumideros de C, carbono (cultivos leñosos, cubiertas vegetales…). Así las cosas, un itinerario asumible pasa por la utilización de energías renovables, el ahorro energético (monitorización de consumos, dimensionamiento y mantenimiento adecuado del parque de maquinaria y vehículos…), o una buena gestión de insumos,… Ejemplo de economía circular lo constituye la incorporación al suelo de restos de madera de poda, que suponen un sumidero importante de C y contribuyen al balance nutricional del viñedo. Asimismo, encuentran acomodo en la construcción, los envases y en sistemas de calefacción (pellets). Otros subproductos, como las pepitas y los hollejos, se utilizan en actividades de alimentación y farmacia.

La apuesta de la Viticultura Sostenible por la Diversidad contempla sus diferentes componentes: Biodiversidad, Diversidad Genética y Diversidad del entorno vitícola, que implica el conocimiento del Clima y del Suelo. El estudio climático del medio vitícola alcanza interés para evaluar las aptitudes y limitaciones del entorno, la caracterización de zonas alternativas y la toma de decisiones previas a la plantación. Por otro lado, los factores geográficos y topográficos asociados al clima, contribuyen a amortiguar inconvenientes del CC: Exposición, Altitud, Proximidad a masas de agua, … El conocimiento del suelo ayuda a caracterizar su calidad, su potencial vitícola o su diversidad biológica. La calidad del vino está asociada al concepto tradicional de Terroir, o interacción Medio-Planta-Hombre que imprime a la uva una tipicidad original e identificable. En este sentido, la Zonificación como tratamiento holístico del Terroir y delimitación espacial de medios vitícolas en base a la producción de vinos particulares, resulta una excelente herramienta no solo para evaluar la vocación y el potencial vitícola de una región, la ordenación del cultivo y su orientación hacia el futuro o el establecimiento de criterios de ubicación del viñedo, sino también para remarcar la diferenciación, que se alinea estrechamente con la sostenibilidad.

En lo que se refiere a un manejo racional del cultivo, algunos comentarios:

1.- La Viticultura de Precisión resulta indispensable en la toma de decisiones. Consciente de la variabilidad espacial de rendimiento y calidad, maneja un abanico amplio de herramientas (tradicionales, teledetección, sensórica, …), procesa la información y establece zonas homogéneas de cultivo, aplicando criterios diferenciados.

2.- El riego, que en otros momentos adquirió el matiz de técnica “maldita” en un contexto de viticultura de calidad, se convierte hoy en la herramienta más directa para mitigar el estrés hídrico, siempre que sea posible, ofreciendo sistemas y estrategias de riego (RDC) eficaces en el consumo de agua, y contribuyendo a disminuir el desacoplamiento de los procesos de maduración.

3.- En lo que se refiere a la conducción de la vid en su sentido más amplio, es decir, el nodo en que una cepa se instala e invade el medio terrestre y el aéreo, sería interesante considerar aspectos relacionados con su arquitectura permanente y anual (vegetación), así como el mantenimiento de una adecuada relación componente productiva/componente vegetativa (F/V,) y un buen microclima de hojas y racimos. Así las cosas, la altura de establecimiento de la cepa se relacionará con maduración y la disponibilidad de agua; habremos de conseguir una vegetación “porosa” evitando la sobreexposición; o buscaremos, según convenga, un equilibrio/desequilibrio de la F/V para adelantar o retrasar el proceso de maduración.

4.- Desde una postura sostenible, y en lo que a mantenimiento del suelo se refiere, actualmente son las cubiertas vegetales la opción mejor situada, ya que, a sus ventajas de índole agronómico, se añade la de mejora de la calidad del suelo, propicia la biodiversidad, el valor paisajístico y el asiento de fauna auxiliar, contiene la erosión, presenta una baja o nula presión contaminante, favorece la gestión de la expresión vegetativa de la cepa y se constituye como un sumidero de C. En un sentido similar, cabría hablar del Mulching, especialmente los de origen vegetal.

5.- Un planteamiento sostenible en el marco de la lucha fitosanitaria presenta en la actualidad dos vías de actuación. De un lado, la búsqueda de material vegetal resistente/tolerante a determinadas plagas, que se plantea desde la selección clonal y la diversidad intravarietal a partir de material existente; o bien, recurrir a la mejora genética, con la obtención de nuevas variedades, línea de trabajo no exenta de problemas desde un punto de vista social y de denominación de origen. Por otra parte, una herramienta eficaz pasa por la Gestión Integradas de Plagas (GIP), que limitando la lucha química (disminución y gestión racional de los tratamientos, ahorro de insumos, …) opta preferentemente por medios de lucha naturales, biológicos, técnicas agronómicas y por la modelización y el establecimiento de umbrales de intervención.

6.- En el contexto de la fertilización, y desde la apuesta en el viñedo por aportes regulares y moderados ajustados a su balance nutricional, conviene evitar aportes generosos de N y K, y sustituir los abonos químicos por aquellos de componente orgánica y la utilización de subproductos del viñedo. Asimismo, la fertirrigación que estaba condicionada por la limitación del uso del riego, se considera la alternativa de futuro, poniéndose asimismo en valor la importancia de los métodos tradicionales e innovadores de evaluación nutricional del viñedo.

7.- Finalmente, una vez superado la dicotomía vendimia manual vs vendimia mecánica según las características de la viña, en la recolección alcanza interés aquellos métodos que ayuden a evaluar la potencialidad del viñedo, a realizar un seguimiento adecuado del proceso de maduración y por tanto fijar de forma selectiva las fechas de vendimia.

Enrique García-Escudero estuvo presente en la 34 jornada de Charlas en a Biblioteca. Por más información, nota, video y podcast, ENTRA AQUÍ.

 

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